por 7ma Medios
San Lorenzo encontró aire en una noche que pedía respuestas. Salió decidido, golpeó antes del primer minuto y, sin brillar, se quedó con un triunfo clave ante Estudiantes de Río Cuarto en el Nuevo Gasómetro.
La historia se abrió de inmediato. A los pocos segundos, una pelota profunda de Mathías De Ritis rompió líneas y Luciano Vietto definió de primera para el 1-0. Literalmente, ganar desde el vestuario. La apuesta de Damián Ayude, que empezó a meter refuerzos tras el traspié en el clásico, tuvo impacto instantáneo.
El gol sacudió a los cordobeses y le dio calma inicial al local. San Lorenzo tuvo algunas aproximaciones para estirar la ventaja, aunque sin demasiada claridad. Con el correr de los minutos, el partido se emparejó y apareció otra versión de Vietto: sacrificio, retrocesos largos y ayuda permanente en la marca.
Lejos estuvo de ser un encuentro cómodo. El Ciclón no logró adueñarse del desarrollo y los fantasmas recientes volvieron a sobrevolar Boedo. En el primer tiempo, la visita casi no inquietó. En el complemento, todo cambió.
El equipo de Iván Delfino se adelantó, acumuló situaciones y empujó contra el arco azulgrana. San Lorenzo se metió atrás, le costó salir y el nerviosismo fue evidente. Desde las tribunas bajó el reclamo.
“Movete, Boedo, movete”, cantaron los hinchas de San Lorenzo desde los cuatro costados del estadio.
Cuando el empate parecía madurar, apareció la eficacia. Los ingresos le dieron frescura al ataque y, a cinco del final, Alexis Cuello no falló. Tras una buena combinación, quedó mano a mano con Agustín Lastra y definió con sutileza para el 2-0 definitivo.
Estudiantes tuvo chances, pero le faltó jerarquía para concretar. San Lorenzo, en cambio, fue práctico. Sumó tres puntos que cortan una racha incómoda y devuelven confianza en un arranque irregular. El calendario no da tregua: en pocas horas recibirá a Instituto. La señal, al menos, ya apareció.