por 7ma Medios
El oficialismo se prepara para una semana clave. Con el inicio del segundo período de sesiones extraordinarias a la vuelta de la esquina, la Casa Rosada decidió concentrar todos sus esfuerzos en un objetivo central: aprobar la reforma laboral, aun frente a la resistencia de varios gobernadores que cuestionan el impacto fiscal del proyecto.
Esta semana habrá una reunión de la mesa política en Casa Rosada para definir la estrategia parlamentaria. El encuentro estará encabezado por el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, y buscará ordenar el escenario antes de que el debate llegue al Congreso. Todavía no está confirmado si participarán el presidente Javier Milei y su hermana Karina, quienes regresan de la gira por Davos y ese mismo día viajarán a Mar del Plata para actividades políticas.
Aunque el temario de extraordinarias incluye otros puntos —como la modificación de la Ley de Glaciares, el acuerdo Mercosur–Unión Europea y la designación de Fernando Iglesias como embajador—, en Balcarce 50 reconocen que la prioridad absoluta es la denominada “modernización” laboral.
Para eso, el ministro del Interior, Diego Santilli, activó desde comienzos de año una ronda de reuniones con gobernadores en busca de apoyos. Algunos mandatarios ya manifestaron su respaldo explícito, como Leandro Zdero (Chaco), Rogelio Frigerio (Entre Ríos) y Alfredo Cornejo (Mendoza). Sin embargo, el mapa está lejos de ser uniforme y en el oficialismo admiten que el resultado en el recinto sigue siendo incierto.
El principal foco de conflicto es la reforma del impuesto a las Ganancias y la reducción de la carga tributaria para empresas. Según estimaciones que manejan las provincias, esos cambios podrían provocar una caída cercana a los $3,1 billones en la masa coparticipable, un golpe directo a las cuentas provinciales.
En ese contexto, el fin de semana se produjo un encuentro político con alto contenido simbólico. Los gobernadores de Santa Fe, Maximiliano Pullaro, y de Córdoba, Martín Llaryora, se reunieron y enviaron un mensaje claro a la Casa Rosada: acompañarán solo algunos puntos del proyecto.
“La reforma debe ayudar a modernizar y fortalecer a las pymes, pero no puede quitar derechos adquiridos ni desfinanciar a las provincias”, señalaron desde el entorno de Pullaro y Llaryora, tras calificar el encuentro como “positivo”.
A diferencia de otros mandatarios, ninguno de los dos posó para la foto con Santilli ni expresó un respaldo cerrado a la iniciativa. Ambos insistieron en que la baja de impuestos es necesaria, pero advirtieron que no puede recaer únicamente sobre tributos coparticipables.
Del otro lado del tablero, la resistencia también se organiza. La CGT mantuvo reuniones con cámaras empresariales para coordinar una estrategia común contra la reforma, mientras que el bloque del peronismo en el Senado, con José Mayans al frente, trabaja para frenar el tratamiento. Por ahora, no cuentan con los votos suficientes para rechazar el proyecto en su totalidad.
En la Casa Rosada aseguran que las negociaciones continúan. Santilli ya se reunió con gobernadores de Chubut, San Juan, Salta, Río Negro y volvió a ver a varios aliados. Aun así, nadie da los números por cerrados.
“A algunas cosas puede ser que tengamos que renunciar poco antes de entrar al recinto. Eso siempre puede pasar, pero creemos que tenemos los votos”, admiten cerca de Milei.
Otros funcionarios son más optimistas y sostienen que no imaginan un rechazo frontal ni a la reforma laboral ni al resto del paquete de extraordinarias.
El cronograma que maneja el Gobierno es ajustado. La intención es llevar la reforma laboral y los cambios en la Ley de Glaciares al Senado el 12 de febrero y, si no hay modificaciones, tratarlos en Diputados una semana después.