por 7ma Medios
España atraviesa horas de conmoción tras el choque de dos trenes de alta velocidad ocurrido en el sur del país, una tragedia que ya dejó al menos 41 personas fallecidas, decenas de desaparecidos y más de un centenar de heridos. Mientras continúan las tareas de rescate, el siniestro expone un escenario difícil de explicar y abre interrogantes que todavía no tienen respuesta.
El último cuerpo fue hallado bajo los restos del tren Iryo, cuyos vagones traseros descarrilaron antes de impactar contra la cabecera de un convoy Alvia. El choque ocurrió cerca de Adamuz, en la región de Andalucía, cuando un tren que viajaba de Málaga a Madrid colisionó con otro que se dirigía desde la capital española hacia Huelva.
“Cuando podamos acceder a todos los vagones sabremos con certeza cuántas personas perdieron la vida”, sostuvo Juan Manuel Moreno Bonilla, presidente de la Junta de Andalucía, al referirse a un balance que aún podría agravarse.
Las tareas de rescate se concentran en dos vagones que cayeron desde varios metros de altura y quedaron convertidos en un amasijo de hierros. Para removerlos fue necesaria una grúa de gran porte, montada durante la madrugada. Según el centro de datos creado tras la catástrofe, ya se realizaron autopsias a 23 víctimas, aunque solo cinco fueron identificadas plenamente.
En paralelo, se registraron 43 denuncias por desaparición, que podrían corresponder a personas cuyos cuerpos ya fueron hallados pero aún no identificados. Muchos familiares recurrieron a las redes sociales para intentar dar con sus seres queridos. En distintos hospitales de Córdoba permanecen internadas 39 personas, entre ellas cuatro niños.
El accidente ocurrió a las 19.45 en un tramo recto de la vía, un dato que refuerza el desconcierto incluso entre especialistas ferroviarios. De acuerdo con los primeros indicios, los vagones traseros del Iryo descarrilaron y quedaron cruzados sobre las vías, momento en el que el otro tren impactó de frente.
“La cabecera del tren que iba de Madrid a Huelva impactó contra uno o varios coches que se habían cruzado en la vía”, explicó Óscar Puente, ministro de Transportes, quien calificó el hecho como “tremendamente extraño”.
Las autoridades descartan, por ahora, un exceso de velocidad. En ese tramo, donde el máximo permitido es de 250 km/h, uno de los trenes circulaba a 205 km/h y el otro a 210 km/h. Tampoco se señaló un error humano como causa principal.
“El fallo humano está prácticamente descartado”, afirmó Álvaro Fernández Heredia, presidente de Renfe, al describir un accidente ocurrido en “circunstancias extrañas”.
La empresa Iryo informó que el tren involucrado fue fabricado en 2022 y que había pasado su última revisión técnica pocos días antes del choque. Sin embargo, la insistencia oficial en remarcar el buen estado del material rodante y de la infraestructura contrasta con un dato que no pasa inadvertido en España: dos trenes de alta velocidad colisionaron en una recta de una vía que, según se indicó, estaba “completamente renovada”.
Desde el lugar del siniestro, el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, aseguró que la investigación avanzará sin ocultamientos.
“Vamos a conocer la verdad y la vamos a poner en conocimiento de la ciudadanía con absoluta transparencia”, afirmó el mandatario.
Mientras tanto, la Guardia Civil habilitó un centro de atención para familiares en la ciudad de Córdoba. Allí, el silencio, el llanto y los abrazos marcaron una escena repetida desde el domingo. La familia real anunció una visita a la zona y el gobierno decretó tres días de luto oficial.
El tráfico ferroviario entre Madrid y Andalucía continúa interrumpido y no se espera una normalización total en el corto plazo. España vuelve así a enfrentarse al impacto de una tragedia ferroviaria, con un elemento que profundiza la herida: un accidente que, por ahora, resulta tan devastador como difícil de explicar.